¿Apoyo local o memoria corta? Una reflexión sobre el Festival Orquídea y la escena local

Cuando se anunció el Festival Orquídea, desde el principio me pareció una propuesta no solo interesante, sino necesaria para la escena nacional y fundamental para Bogotá. La capital colombiana ofrece un gran abanico de clubes, DJs, marcas, venues y propuestas que semana a semana convocan a públicos con gustos diversos. Aunque todos comulgamos a favor de la música electrónica, sin lugar a dudas esto demuestra el crecimiento sostenido de la industria en el país.


Sin embargo, este desarrollo y sus resultados actuales no son producto de la pospandemia ni de tendencias fugaces en TikTok. Si bien estos fenómenos han ayudado a visibilizar y dar mayor reconocimiento a quienes estamos involucrados de una u otra manera en este vértice de la cultura de club, este crecimiento no habría sido posible sin marcas y nombres que le apostaron al house y al techno mucho antes de que la industria fuera lo que es hoy, como Aftermath y Doom. Pero todo este proceso tuvo un origen que los nuevos ravers deberían conocer.

Antes de llenar teatros, centros de eventos, clubes o bodegas, estas dos marcas comparten una similitud en su génesis, y no, no estamos hablando de sus primeros eventos en Baum Club. Aftermath y Doom tienen su origen en las tesis de grado de sus fundadores: por un lado, Gabriel Forero realizó su trabajo para Comunicación ; por el otro, Freddy Quiroga hizo lo propio para graduarse en Negocios Internacionales. Esta es, sin duda, una de mis historias favoritas de la escena nacional: resaltar el recorrido de estas marcas y entender cómo creer en la música —materializada primero en el rigor académico de una tesis— se convirtió en la semilla germinal de lo que hoy es Orquídea.

La paradoja del apoyo local y la memoria corta

Es muy fácil asumir que la unión de estas dos potencias resultaría en un éxito rotundo, pero para mi sorpresa no fue así. Cuando se publicó el comunicado advirtiendo que el Festival Orquídea corría el riesgo de ser cancelado por la baja venta de boletería, me detuve a leer los comentarios. Varios usuarios coincidían en que "falta apoyo local", argumentando que en el line-up figuraban los nombres de siempre o acusando a la organización de la clásica "rosca". No obstante, hubo un comentario en particular que llamó poderosamente mi atención:

"Es que no hay apoyo a lo de acá, llevo farreando desde el 2019 y 2020 y son los mismos nombres…"

El talento nacional no recae únicamente en las marcas; es algo que construimos de manera colectiva y que forma parte de los valores fundacionales de la cultura: Paz, Amor, Unidad y Respeto (PLUR por sus siglas en ingles). La supuesta falta de apoyo nacional es un argumento que se cae por su propio peso. ¿De verdad falta apoyo a lo local? El festival está repleto de talento colombiano, pero esos críticos digitales, ¿dónde estuvieron en los primeros sets de muchos de esos artistas?

Es una regla no escrita en esta industria que los grandes DJs han pasado por warm-ups donde la pista está vacía. Un ejemplo claro es el de Charlotte de Witte, quien en 2010 tocaba en pequeños bares belgas para públicos muy escasos, enfrentándose a pistas completamente desiertas. Esto es parte ineludible del oficio. Hablar de apoyar el talento nacional exige también asumir la responsabilidad como asistentes y comprender que las carreras sólidas se construyen desde la base, no desde la comodidad de la crítica en redes sociales.

Al final, vale la pena preguntarnos: ¿realmente hace falta apoyo a lo nacional, o nos hace falta memoria histórica para valorar el peso de quienes llevan años levantando los cimientos de nuestra propia cultura? El Festival Orquídea no es solo una fecha más en el calendario; es el resultado tangible de un sueño académico convertido en realidad y la prueba de que nuestra escena tiene con qué competirle a los grandes circuitos globales. El verdadero apoyo no se demuestra desde la comodidad de una pantalla, sino gastando la suela en la pista, pagando el tiquete y llenando los escenarios. Nos vemos en la pista para sostener lo que tanto nos ha costado construir.


Boletera


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